Cuando se habla de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de la cadena de la carne vacuna, la principal fuente se encuentra incluso antes de la industria. Es en el campo, durante la cría de los animales y el manejo de las áreas productivas, donde se concentra la mayor parte de las emisiones de la actividad. “En la ganadería, la mayor parte de las emisiones está en el campo. En nuestro caso, alrededor del 98% de las emisiones proviene de esa etapa”, explica Gracie Verde Selva, gerente ejecutiva de Clima y Naturaleza de Minerva Foods.
El dato ayuda a explicar por qué buena parte de las iniciativas orientadas a reducir la huella de carbono de la ganadería concentra sus esfuerzos directamente en la producción. También es en esta etapa donde comienzan a aparecer evidencias de que las mejoras ambientales y las ganancias productivas pueden avanzar en la misma dirección.
En establecimientos monitoreados por el Programa Renove, los productores que alcanzan una intensidad de emisiones al menos un 20% inferior al promedio definido por la metodología de certificación independiente presentan también resultados significativos en indicadores zootécnicos.El ciclo de producción puede reducir la edad de faena, eliminando meses de emisiones de metano por cabeza, al tiempo que garantiza un mayor peso del animal, con una edad menor. Más que una coincidencia, los datos reflejan cambios en el propio sistema productivo.
Según Embrapa, prácticas como la recuperación de pasturas degradadas y el manejo adecuado del suelo y de las pasturas aumentan la productividad de las áreas de producción, mejoran la fertilidad del suelo y amplían el stock de carbono del sistema. Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura destaca que el aumento de la eficiencia productiva —con un mejor uso del suelo, las pasturas y los recursos disponibles— se encuentra entre las principales estrategias para reducir la intensidad de las emisiones de gases de efecto invernadero en la ganadería.
Es precisamente esta lógica la que orienta las iniciativas destinadas a la llamada ganadería de bajas emisiones: aumentar la eficiencia del sistema productivo y reducir simultáneamente su intensidad de carbono.
Actuar donde se producen las emisiones
Lanzado en 2021, el Programa Renove fue estructurado para actuar precisamente en el principal punto de emisión de la cadena ganadera: la producción en los establecimientos. El programa reúne distintas etapas de seguimiento técnico, incluido el diagnóstico inicial del establecimiento, el inventario de emisiones de gases de efecto invernadero, las recomendaciones de mejora, la asistencia técnica continua y la certificación realizada por una tercera parte independiente, sin costos para el productor.
Al final del proceso, los productores pasan a conocer las emisiones de cada fuente de la ganadería dentro de su establecimiento, y quienes alcanzan una intensidad de emisiones al menos un 20% inferior al promedio establecido por la metodología de certificación pueden recibir el reconocimiento dentro del programa. “Renove ya está hoy en Brasil, Paraguay y Uruguay. Y ahora estamos llevando el programa a Argentina precisamente para ampliar este modelo a otros sistemas productivos”, afirma Gracie.
La propuesta parte de un principio sencillo: si la mayor parte de las emisiones de la cadena se concentra en el establecimiento, es en ese entorno donde existe el mayor potencial de transformación.
Este enfoque también está alineado con el concepto de Alcance 3, categoría del Greenhouse Gas Protocol que reúne las emisiones indirectas generadas a lo largo de la cadena de valor de una empresa. En el sector de la carne vacuna, la mayor parte de estas emisiones se produce en la producción agropecuaria, incluso antes del procesamiento industrial. Por eso, las iniciativas dirigidas a los establecimientos proveedores tienen el potencial de generar el mayor impacto en la reducción de la huella de carbono de la cadena.
Más que medir las emisiones, el objetivo es identificar dónde existen oportunidades concretas de mejora dentro del propio sistema productivo, lo que permite al productor seguir su evolución con base en indicadores técnicos y métricas estandarizadas.
Más información: ¿Cómo reduce Brasil las emisiones de GEI por kilo de carne?
La eficiencia productiva y la intensidad de las emisiones avanzan juntas

Los resultados observados en los establecimientos monitoreados indican que la reducción de la intensidad de las emisiones no depende de una única tecnología ni de un cambio radical en el sistema productivo. Está asociada, sobre todo, a la mejora del manejo del establecimiento.
En la práctica, esto significa recuperar áreas degradadas, mejorar la fertilidad del suelo, manejar adecuadamente las pasturas y ajustar el sistema de producción para que los animales expresen mejor su potencial de ganancia de peso. “Cuando capturas carbono en el suelo, mejoras su calidad. Y un suelo mejor produce más pasto. Con más pasto, el animal gana más peso, engorda más rápido y se faena antes”, resume Gracie Verde Selva.
Este razonamiento ayuda a entender por qué los indicadores productivos y ambientales tienden a evolucionar juntos. Según datos del estudio realizado por el Programa Renove con establecimientos monitoreados en Brasil, citado por Gracie en una entrevista, los sistemas certificados presentaron una edad promedio de faena de 25 meses, frente a los 34 meses observados en el promedio utilizado como referencia por la metodología del programa. El peso promedio de faena también fue superior, al pasar de 489 kg a 608 kg.
Las cifras muestran que los animales provenientes de sistemas más eficientes permanecen menos tiempo en el establecimiento y llegan a la faena con un mayor peso. Como consecuencia, la emisión de gases de efecto invernadero por kilogramo de carne producida tiende a disminuir.
En otras palabras, la reducción de las emisiones se produce por intensidad. Es decir, por la cantidad de carbono equivalente emitida para producir cada unidad de carne, y no necesariamente por la eliminación completa de las emisiones inherentes a la actividad ganadera.
Esta distinción es importante porque la fermentación entérica de los rumiantes continúa siendo una fuente natural de metano. El desafío pasa a ser producir más alimentos utilizando mejor los recursos disponibles y reduciendo la intensidad de estas emisiones a lo largo del ciclo productivo.
En la evaluación de Gracie, los datos obtenidos en los establecimientos monitoreados refuerzan precisamente esta relación. “Es un sistema más eficiente también desde el punto de vista productivo. La sostenibilidad está directamente ligada a la eficiencia.”
El suelo como punto de partida

Gran parte de esta evolución comienza bajo la superficie. La recuperación del suelo mejora su capacidad para almacenar agua, aumenta la disponibilidad de nutrientes para las plantas y favorece el desarrollo de las pasturas. Con una mayor oferta de forraje de calidad durante todo el año, los animales encuentran mejores condiciones nutricionales, ganan peso más rápidamente y permanecen menos tiempo en el sistema.
Este proceso también amplía el potencial de almacenamiento de carbono en el suelo, un fenómeno conocido como secuestro de carbono. Gracie explica que el seguimiento de este proceso puede realizarse mediante distintas metodologías. “La parte de la captura de carbono es un poco más compleja. Hoy existen tecnologías que ayudan en esto, pero el método más seguro sigue siendo el muestreo del suelo.”
Destaca que la comparación entre muestras recogidas antes y después de la recuperación de las áreas permite verificar el aumento del carbono orgánico almacenado en el suelo, lo que evidencia los efectos de las mejoras en el manejo.
Además de los análisis de campo, nuevas herramientas basadas en teledetección, imágenes satelitales y modelización están ampliando la capacidad de monitorear estos cambios a mayor escala.
La conclusión también está alineada con las evaluaciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). En el informe Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change, el panel identifica prácticas como la recuperación de áreas degradadas, el manejo sostenible de las pasturas, el aumento del carbono en el suelo y la mejora de la productividad de los sistemas agropecuarios entre las principales estrategias para reducir las emisiones del sector, especialmente en las regiones tropicales.
Esta perspectiva también ayuda a explicar por qué la sostenibilidad, en este contexto, no debe verse únicamente como una agenda ambiental. “Hablamos mucho de sostenibilidad, pero, en la práctica, ¿qué significa eso? Eficiencia. Es la misma conversación”, afirma Gracie.
La afirmación sintetiza uno de los principales aprendizajes observados en los establecimientos acompañados: los sistemas más eficientes utilizan mejor los recursos naturales, aumentan la productividad y, al mismo tiempo, reducen la intensidad de las emisiones.
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Una mayor eficiencia depende de ampliar el acceso a las buenas prácticas
Los resultados observados en los establecimientos monitoreados apuntan a un patrón consistente: reducir la intensidad de las emisiones pasa, principalmente, por mejorar el funcionamiento del sistema productivo. Un suelo más saludable, pasturas más productivas y un manejo más eficiente permiten producir más utilizando mejor los recursos disponibles.
Sin embargo, ampliar este modelo a un número mayor de establecimientos todavía depende de superar obstáculos que van más allá de la adopción de tecnologías.
Para Gracie Verde Selva, el principal desafío es democratizar el acceso a la asistencia técnica y al financiamiento, especialmente entre los pequeños y medianos productores. “Creo que el mayor desafío es llevar a todos a este mismo nivel. En Brasil tenemos muchos productores pequeños y medianos que necesitan más asistencia técnica y que no tienen acceso al financiamiento necesario para implementar estos cambios.”
La adopción de prácticas como la recuperación de pasturas degradadas, la integración agricultura-ganadería-bosque (ILPF) y la mejora del manejo se considera una de las principales estrategias para aumentar la productividad y reducir la intensidad de las emisiones en la agropecuaria brasileña. Según el Plan ABC+, del Ministerio de Agricultura y Ganadería, la expansión de estas tecnologías depende de la combinación de asistencia técnica, capacitación e instrumentos de financiamiento capaces de apoyar las inversiones necesarias para la transición de los sistemas productivos.
Durante la entrevista, Gracie observa que muchos de estos cambios generan un retorno económico a lo largo del tiempo, pero exigen planificación e inversión en la etapa inicial. “El primer paso es hacer un diagnóstico del establecimiento y entender dónde es posible actuar con menor costo y mayor beneficio. No se puede hacer todo de una vez. Muchas veces se empieza por un área más pequeña, esta comienza a producir más y esa ganancia financia la siguiente etapa.” Esta lógica refuerza que la transición hacia sistemas más eficientes suele producirse de forma gradual, acompañando la realidad de cada establecimiento y, sobre todo, que la sostenibilidad ambiental también puede ser sostenibilidad financiera.
- Embrapa — Como a recuperação de pastagens pode ajudar o meio ambiente
- FAO — Food and Agriculture Organization
- Greenhouse Gas Protocol — Corporate Value Chain (Scope 3) Standard
- IPCC — Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change — Chapter 7
- Minerva Foods — Programa Renove
- Ministério da Agricultura e Pecuária — Plano ABC+