Buscando aliar el bienestar familiar con la preservación ambiental, el proyecto uruguayo “Ganadería y Clima”, promovido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en asociación con ministerios locales, demostró que la implementación de prácticas ganaderas climáticamente inteligentes en campos nativos permite obtener resultados financieros y ecológicos expresivos.
Cerca del 60% de las familias productoras lograron aumentar su renta neta de forma significativa, según el informe de la FAO de 2022. Los resultados muestran una reducción media del 7% en los costos, así como un aumento medio en los ingresos de aproximadamente el 50% ya en el primer año del proyecto. Además, la producción de ganado por hectárea aumentó en promedio un 10,3% y la de ovejas, un 15%.
El proceso de transformación comenzó con el apoyo de extensionistas rurales, consultores profesionales que trabajan individualmente con las familias (más de 60 en total) para analizar la situación de cada estancia, identificar sus metas y apoyarlas en su cumplimiento. Como muchas propiedades sufrían baja productividad debido a la escasez de forraje para el rebaño y la incidencia de suelos degradados, los productores aprendieron estrategias centradas en mejorar el suelo y gestionar los recursos naturales de forma más sostenible. El gran acierto fue aumentar la disponibilidad de forraje, lo que resultó fundamental para mejorar la eficiencia de todo el sistema, aun frente a condiciones climáticas adversas recientes, como sequías severas y escasez de agua.
La planificación forrajera consiste en la técnica de ajustar la cantidad de forraje ofrecida a la condición corporal de los animales y evitar el sobrepastoreo. De este modo, el ganado no permanece demasiado tiempo en una misma área hasta degradarla. Así, se incrementa el potencial de regeneración natural de la cubierta vegetal, el consiguiente aumento del área de fotosíntesis de los pastos y la retención de carbono en las hojas y raíces de las plantas.
Esta combinación de factores resultó en una reducción del 16% en la intensidad de las emisiones de gases de efecto invernadero por kilo de carne, demostrando que la adaptación climática va de la mano con la eficiencia productiva. Además de mitigar las emisiones, esta práctica también generó un aumento visible en la flora, en la presencia de aves y en la biodiversidad general de las explotaciones.
Simbiosis internacional

El case de éxito muestra que la ganadería del futuro no necesita expandirse a grandes áreas para mantener la productividad, sino que requiere inteligencia aplicada. Para los productores, esto significa más arrobas y mayor resiliencia del rebaño en años de eventos climáticos extremos; para el sector en su conjunto, el avance está asociado a la consolidación de modelos productivos que combinan rendimiento económico con reducción de la huella ambiental y generación de valor agregado.
En Brasil, el Plan ABC+ (2020 – 2030) se configura como la principal política pública alineada, en cierta medida, con el modelo uruguayo, al articular metas productivas y compromisos climáticos. Coordinado por el Ministerio de Agricultura, promueve tecnologías que aumentan la productividad al mismo tiempo que reducen emisiones de GEI.
Sus principales ejes son la recuperación de pastizales degradados, la Integración Agricultura-Ganadería-Silvicultura (ILPF), el manejo sostenible, la fijación biológica de nitrógeno en el suelo, los bosques plantados y los sistemas agroforestales. La operacionalización ocurre, sobre todo, mediante instrumentos económicos y financieros, con especial énfasis en líneas de crédito específicas en el marco del Plan Safra, alineadas con las metas nacionales de mitigación climática.
A pesar de las convergencias en términos de directrices, existen diferencias estructurales entre los planes ABC y Ganadería: mientras el gobierno uruguayo se dirige directamente a los productores familiares, ofreciendo asistencia técnica continua y monitoreo ambiental detallado, el brasileño funciona como una política de carácter amplio, que contempla diferentes perfiles de productores y sistemas productivos, con mayor flexibilidad, pero menor grado de orientación individualizada.
Fuentes de referencia: