¿Aumentar la producción sin expandir áreas? Sepa cómo Brasil quiere convertir 40 millones de hectáreas

Conozca cómo el diagnóstico técnico, el financiamiento y las políticas públicas buscan viabilizar la recuperación de pasturas en Brasil y ayudar al país a avanzar en sus compromisos globales, así como los desafíos que deben enfrentarse.

Por Redação el 30 de abril, 2026

Actualizado: 30/04/2026 - 16:44


Recuperar y convertir hasta 40 millones de hectáreas de pastizales de baja productividad en la próxima década. Esa es la meta ambiciosa que Brasil trazó mediante el Programa Nacional de Conversión de Pastizales Degradados (PNCPD), instituido oficialmente por el Gobierno Federal. Según el ministro de Agricultura, Carlos Fávaro, la iniciativa permitirá prácticamente duplicar la producción de alimentos en el país sin avanzar sobre áreas de vegetación nativa, garantizando la seguridad alimentaria y reduciendo el impacto del cambio climático.

La propuesta está alineada con compromisos climáticos asumidos por el país, como el Acuerdo de París, al incentivar prácticas que contribuyan a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y a la adaptación al cambio climático, estableciendo directrices y criterios técnicos para la transformación de áreas de baja productividad en sistemas agropecuarios y forestales más sostenibles. 

Además del componente ambiental, el programa también busca ampliar la eficiencia productiva, reduciendo la presión para la apertura de nuevas áreas y promoviendo el uso más racional de los recursos ya disponibles.

Sin embargo, la heterogeneidad de esas áreas, que incluye factores diversos como bioma, tipo de suelo, historial de uso y nivel de degradación, es uno de los principales desafíos, como muestran los datos de MapBiomas analizados por Embrapa, que estiman que Brasil posee alrededor de 160 millones de hectáreas de pastizales, de las cuales gran parte presenta algún nivel de degradación, aunque con la advertencia de que “las características de los pastizales degradados o en degradación varían según el bioma al que pertenecen”.

Debido a la vasta extensión territorial del país, la institución recalca que los procesos de degradación deben medirse mediante diferentes métricas regionales, evaluando desde la fracción de cobertura de malezas hasta la disponibilidad de biomasa y características específicas del suelo.

Además, la escala territorial, combinada con la diversidad de condiciones productivas, exige coordinación entre diferentes niveles de gobierno, instituciones de investigación y actores del sector privado.

Otro punto crítico es la necesidad de asistencia técnica cualificada, capaz de traducir las directrices del programa en prácticas aplicables en el campo. Sin ese apoyo, existe riesgo de baja adhesión o de adopción inadecuada de las estrategias propuestas.

Avances 

Para sortear la falta de estandarización, Embrapa anunció la aprobación de un proyecto financiado por la Fundação de Amparo à Pesquisa do Estado de São Paulo (Fapesp), con recursos del orden de R$ 2 millones. El proyecto está coordinado por la investigadora Patrícia Menezes Santos, de Embrapa Pecuária Sudeste, y actuará en red con diversas instituciones académicas.

Según la investigadora, el perfeccionamiento de los métodos de diagnóstico es fundamental para establecer metas precisas y monitorear las políticas. La iniciativa desarrollará sistemas de software basados en inteligencia artificial y métodos avanzados de teledetección para mapear, mediante imágenes, la calidad real de los pastizales en los polos ganaderos brasileños.

La propuesta es crear herramientas que permitan mapear las diferentes etapas de degradación y orientar intervenciones más precisas, considerando variables como clima, suelo y manejo. Este tipo de enfoque tiende a aumentar la eficiencia de las acciones y reducir los riesgos asociados a inversiones en recuperación.

Otros desafíos

La reducción del riesgo responde a otro desafío: el acceso a fuentes de financiamiento, dado que la recuperación de pastizales requiere inversión inicial. Esta ecuación refleja una transformación más amplia en la política agrícola brasileña. Institucionalizado por la Ley nº 4.829, de 1965, el crédito rural fue originalmente estructurado para financiar el costo de producción, la inversión y la comercialización de la producción. Más de medio siglo después, empieza a incorporar la sostenibilidad como eje estratégico, reflejando la necesidad de alinear productividad, uso eficiente de la tierra y compromisos climáticos.

La urgencia de esta transición es tanto económica como ambiental. Investigaciones de la Empresa Brasileira de Pesquisa Agropecuária (Embrapa) indican que un pastizal degradado produce, como máximo, 150 kg de peso vivo por hectárea al año. Con un manejo adecuado, esa productividad puede duplicarse o triplicarse, al mismo tiempo que se amplían beneficios como la conservación del suelo y del agua y el aumento del secuestro de carbono.

Bajo la identidad pública “Caminho Verde”, que reúne las directrices del PNCPD, el decreto oficial e iniciativas de atracción de capital, la propuesta del gobierno brasileño es combinar política pública y estrategia de mercado, contribuyendo a la captación de recursos externos sin la necesidad de subvención directa del Gobierno Federal y desplazando el foco hacia la movilización de capital privado. En ese contexto, el ministro Carlos Fávaro ha presentado el programa en misiones internacionales como una oportunidad de inversión vinculada a la producción sostenible, con el objetivo de ampliar el flujo de recursos extranjeros al sector, teniendo al Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social (BNDES) como protagonista en la estructuración de esos instrumentos.

Para ello, el decreto establece criterios para el acceso al financiamiento: los productores deben estar inscritos en el Cadastro Ambiental Rural (CAR) y demostrar, a lo largo del tiempo, la reducción de emisiones o el aumento de la absorción de gases de efecto invernadero, sin avanzar sobre nuevas áreas. En el mercado doméstico, los productores ya cuentan con instrumentos estructurados. El BNDES opera el Renovagro, un programa de financiamiento a sistemas de producción agropecuaria sostenibles, que incluye una línea específica para la recuperación de pastizales degradados, con condiciones que permiten financiar desde la corrección del suelo hasta mejoras en el sistema productivo.

Próximos pasos y integración

Bovinos blancos pastan en campo abierto rodeados por densa vegetación preservada en una zona de colina.
Foto: Andrea Cirillo Lopes / Shutterstock

La efectividad del programa entra ahora en una etapa decisiva: su traducción en acciones concretas en los territorios. Según registros del repositorio institucional del Ministerio de Agricultura y Ganadería, el gobierno federal publicó, a lo largo de 2024, una serie de informes técnicos de priorización de áreas y estimaciones de inversión. Los documentos detallan escenarios para la conversión de pastizales en estados estratégicos como São Paulo, Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Minas Gerais, Pará, Bahia, Goiás, Rondônia y Tocantins, indicando los primeros recortes operativos del programa.

En ese contexto, la efectividad del PNCPD deberá depender, en los próximos años, de la capacidad de integrar políticas públicas, conocimiento técnico e instrumentos financieros. La consolidación de sistemas de monitoreo, el avance de investigaciones aplicadas y el fortalecimiento de la asistencia técnica serán determinantes para que el programa pase de la planificación a la ejecución a escala.

La articulación entre el apoyo científico liderado por Embrapa y los mecanismos de fomento estructurados por el Ministerio de Agricultura y por el BNDES indica que el país empieza a diseñar una base consistente para esta transición. Más que recuperar áreas específicas, sin embargo, el desafío está en estructurar un modelo de producción capaz de responder, de forma integrada, a las crecientes demandas de eficiencia, sostenibilidad y competitividad que hoy moldean el sector agropecuario.

Fuentes de referencia:


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