El arte de producir más con menos en la ganadería: panorama general

La ganadería regenerativa, la nutrición de precisión y otras prácticas internacionalmente aceptadas son algunas de las estrategias para mejorar la eficiencia y la productividad.

Por Rafael Motta el 17 de abril, 2026

Actualizado: 17/04/2026 - 17:57


Producir más alimentos con menos recursos se ha convertido en uno de los principales desafíos del sistema alimentario global. El crecimiento poblacional y el aumento de los ingresos amplían la demanda de alimentos, especialmente de proteínas de mayor densidad nutricional, al mismo tiempo que intensifican la presión sobre la tierra, el agua y los insumos productivos.

El Capítulo 5 sobre Seguridad Alimentaria del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) indica que este sistema ya opera bajo fuerte tensión: desde 1961, la producción de alimentos creció alrededor de 30%, acompañada por un aumento de aproximadamente 800% en el uso de fertilizantes y por la duplicación del agua destinada a la irrigación. Aun así, 821 millones de personas permanecen subnutridas, mientras otras 2.000 millones tienen sobrepeso, evidenciando desequilibrios en la distribución y en los patrones de consumo.

Además de la presión por la demanda, los efectos del cambio climático empiezan a impactar directamente la capacidad productiva. El aumento de la temperatura, las sequías y los eventos extremos ya reducen la productividad agrícola en diversas regiones, especialmente en cultivos como maíz y trigo en latitudes más bajas y zonas más vulnerables.

Paralelamente, el propio sistema alimentario contribuye al agravamiento de este escenario, siendo responsable de entre el 21% y el 37% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI). Este movimiento crea un ciclo de retroalimentación, en el que el cambio climático afecta la producción de alimentos y, al mismo tiempo, se ve intensificado por ella, impactando directamente los medios de subsistencia —especialmente de poblaciones dependientes de la ganadería, que ya enfrentan caída en la productividad de los pastos, pérdida de biodiversidad e impactos en la reproducción animal.

En este contexto, el concepto de “hacer más con menos” deja de ser solo una directriz de eficiencia y pasa a ser una necesidad de los sistemas alimentarios, orientando la transición hacia modelos productivos más resilientes, con menor intensidad de uso de recursos y menor impacto ambiental.

Es en este movimiento donde la ganadería bovina se reposiciona. En el vocabulario moderno del agronegocio, la palabra “eficiencia” cambió de contexto: si antes el foco era ampliar las áreas de pastoreo y el número de cabezas, hoy producir más exige necesariamente producir mejor.

Los procesos de inteligencia aplicada al uso de recursos pasan a definir el motor de la transformación productiva. Se trata de un enfoque sistémico que abarca desde el manejo del suelo hasta la mesa de los consumidores, en el que cada gota de agua, cada kilo de alimento y cada etapa de la logística se optimizan para generar el máximo valor con el menor impacto socioambiental posible.

Este cambio de paradigma no ocurre solo por presión ambiental o productiva, sino también por exigencia del mercado. A medida que las cadenas globales se vuelven más rigurosas en criterios de rastreabilidad, desempeño y sostenibilidad, la eficiencia productiva pasa a ser un factor determinante de competitividad.

En este escenario, la adopción de prácticas más eficientes y sostenibles en la ganadería brasileña va más allá de ser una estrategia de ganancia operacional y pasa a representar también acceso a mercados internacionales más exigentes y de mayor valor agregado, como los segmentos premium. Producir más con menos, por tanto, se consolida no solo como respuesta a los desafíos globales, sino como un diferencial estratégico para la inserción cualificada de Brasil en las cadenas globales de alimentos.

Recuperación e intensificación del campo

La clave es la productividad por hectárea, y no abrir nuevas áreas de vegetación nativa para ampliar la producción, la llamada intensificación sostenible. Según la Embrapa Gado de Corte, el hato bovino nacional más que se duplicó en un periodo de cuatro décadas. Los datos consolidados por el informe Agricultura Tropical Sostenible muestran que mientras el área ocupada por pastos permaneció estable, entre 160 y 190 millones de hectáreas, la producción de carne bovina aumentó más de 240%, pasando de alrededor de 3,5 millones a 12 millones de toneladas equivalentes de canal (TEC).

Este fenómeno generó lo que los especialistas llaman efecto ahorra-tierra. Sin él, se estima que serían necesarios 397 millones de hectáreas adicionales para sostener los niveles actuales de producción, en caso de que la productividad se hubiera mantenido en los niveles de 1990. Si se considera el horizonte temporal mayor, de 1950 a 2006, se llega a un área estimada en 525 millones de hectáreas. Para hacerse una idea de la magnitud del número, representa un área 25% superior a la del Bioma Amazónico de Brasil.

La recuperación de suelos degradados también pasa por un mejor manejo de pastos, lo que permite que el productor transforme tierras improductivas en áreas altamente nutritivas para los animales.

Según Embrapa, revitalizar el suelo no solo aumenta el bienestar animal, sino que también lo convierte en secuestrador de carbono. Sistemas como la Integración Cultivo-Ganadería permiten producir carne y granos en el mismo espacio, por ejemplo. Con ello, la necesidad de adquirir suplementos para la dieta del ganado y otros insumos costosos puede reducirse, dando lugar al consumo de materiales orgánicos y más saludables; además de ofrecer un beneficio económico para el productor, que con la maximización del uso de la tierra tendrá múltiples fuentes de ingreso y un flujo de caja más estable a lo largo del año.

Nutrición de precisión: la ciencia en el comedero

Dos profesionales analizando datos en el campo de una finca con ganado, promoviendo técnicas para producir más con menos
Imagen generada digitalmente

Mientras el manejo del suelo cuida la base, la nutrición de precisión se ocupa del rendimiento. Un estudio publicado en la Journal of Animal Health and Production demuestra que la alimentación de precisión condujo a una reducción del 42,86% en el desperdicio de alimento y a un aumento del 18% en la ganancia de peso diaria en sistemas de confinamiento (feedlots).

Las tecnologías de automatización fueron validadas mediante una investigación realizada por el Centro Integral de Nutrición de Ganadería de Carne (CINPEC). Según los estudiosos, entre el 87% y el 91% de los costos de producción en confinamientos se refieren a la nutrición de los animales; con la utilización de sensores, mediciones individuales automatizadas permiten entender la conversión alimenticia real de cada animal, eliminando la “media del lote”.

Otro guía técnica, publicada por el Journal of Information Systems Engineering & Management, explica que el uso de bolus, collares GPS y algoritmos predictivos permite reformular las raciones según la etapa de crecimiento y el estado de salud, pudiendo resultar en una reducción de hasta el 25% en la ingesta innecesaria de proteína.

La circularidad también es estrategia de eficiencia y sostenibilidad

Los principios de la economía circular también integran el concepto de eficiencia y sostenibilidad en la ganadería brasileña. Impulsado por iniciativas como el Plan Nacional de Economía Circular (PLANEC), el sector empieza a reaprovechar excretas y otros residuos orgánicos para la producción de biogás, biometano y biofertilizantes, reduciendo emisiones y optimizando el uso de recursos.

De este modo, el modelo cierra ciclos productivos: lo que antes era pasivo ambiental pasa a generar energía, fertilidad del suelo y eficiencia operacional. La biodigestión, por ejemplo, permite capturar metano y convertirlo en energía, mientras el material remanente retorna al suelo como fertilizante orgánico, reforzando el reciclaje de nutrientes.

Además de las ganancias ambientales, la circularidad fortalece la competitividad al reducir costos, disminuir la dependencia de insumos externos y generar indicadores mensurables de desempeño. En este contexto, la eficiencia pasa a ser también un atributo de mercado, alineado con exigencias internacionales cada vez más rigurosas —consolidando la sostenibilidad como vector directo de valor para la ganadería brasileña.

Gestión hídrica: la eficiencia también pasa por el agua

La búsqueda de mayor eficiencia en la ganadería también implica un uso más estratégico del agua, uno de los recursos centrales para la producción de alimentos. En la práctica, esto significa reducir desperdicios, mejorar la distribución y adoptar tecnologías que permitan mayor control sobre el consumo, ya que el factor determinante para los pastos, que es el régimen de lluvias, está fuera del control del productor.

Sistemas de abrevado más eficientes, manejo adecuado de pastos y recuperación de suelos contribuyen a aumentar la infiltración y retención de agua, reduciendo la necesidad de captación externa y haciendo a las propiedades más resilientes frente a periodos de sequía.

Además, estrategias como el reaprovechamiento de agua y la integración entre sistemas productivos permiten optimizar el uso del recurso a lo largo de toda la cadena, evitando pérdidas y aumentando la eficiencia por unidad producida.

La capacidad de medir, monitorizar y optimizar el uso del agua se suma a otros indicadores de eficiencia, reforzando el concepto de “hacer más con menos” como base para la sostenibilidad y la competitividad de la ganadería.

Más información: Menos agua en la ganadería: la sostenibilidad se convierte en estrategia del futuro

Programa Renove busca facilitar la transición

Del manejo basado en el “ojo” a sistemas orientados por datos y precisión, existe una trayectoria que no es recorrida de la misma manera por todos. Para los pequeños y medianos productores el camino es más desafiante debido a limitaciones técnicas, financieras y de acceso a la información. Es en este contexto que programas como Renove, de Minerva Foods, marcan la diferencia.

Al ofrecer capacitación técnica y orientación práctica, la iniciativa contribuye a reducir asimetrías y viabilizar la adopción de tecnologías y prácticas más eficientes en el campo, con el objetivo de promover la implementación de una ganadería de baja emisión de carbono y prácticas regenerativas en Sudamérica, enfocada en transformar las fincas en unidades más productivas y sostenibles.

Como parte del programa, los productores reciben formaciones específicas sobre prácticas regenerativas, como manejo de pastos, recuperación de suelos degradados e intensificación sostenible, y sistemas como la Integración Cultivo-Ganadería-Bosque (ILPF), que contribuyen a aumentar la resiliencia climática de las propiedades.

Con ello, la transición hacia modelos productivos más eficientes se vuelve práctica y empieza a generar ganancias de desempeño y gestión. Al mismo tiempo, la adopción de estas iniciativas favorece la adecuación a criterios cada vez más exigentes del mercado, ampliando el acceso a cadenas globales y a mercados premium, como el de la Unión Europea.

En este contexto, eficiencia y sostenibilidad convergen como vectores de competitividad. Producir más con menos se consolida, así, como una estrategia que articula ganancias productivas, reducción de impactos e inserción cualificada en el mercado internacional.

Se trata, por tanto, de una estrategia de ganar-ganar donde la ciencia y la tecnología trabajan para optimizar lo que la naturaleza ya ofrece. Al abrazar la nutrición de precisión, el manejo regenerativo, el uso inteligente o el reúso de recursos, el sector productivo demuestra que la rentabilidad del mañana está intrínsecamente ligada a la preservación de hoy.

Fuentes de referencia:


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