Cómo Luzanir transformó el duelo en innovación en el cerrado

Psicóloga y profesora jubilada, rompió el ciclo de la “figura secundaria” para liderar una revolución productiva y sostenible en la Fazenda São José, en Goiás.

Por Roberto Francellino el 6 de marzo, 2026

Actualizado: 10/03/2026 - 10:14


Luzanir Luíza de Moura Peixoto no ve el pasto solo como una extensión de tierra para el ganado. Para ella, el suelo es un organismo vivo que exige escucha, paciencia y, sobre todo, método. Sentada en el asiento del acompañante de la camioneta, conducida por su hija Luísa que sortea los obstáculos del camino de tierra rumbo a la fazenda São José, en Bela Vista de Goiás/GO, la psicóloga, artista visual y máster en Educación contó a My Minerva Foods un poco de su historia, que pasa por aulas y consultorios, pero que reveló a la gestora que, hace pocos años, tuvo que cambiar la tiza por las botas altas bajo el peso de una sucesión forzada y dolorosa.

La historia de Luzanir en la agropecuaria comenzó en silencio. Durante tres décadas, ella fue lo que se define como “figura secundaria”. Mientras el marido, Donizete Peixoto da Costa, administraba los negocios fundados por él en los años 1980, Luzanir se ocupaba de la formación de las dos hijas y de su carrera académica. Todo cambió con el fallecimiento prematuro de Donizete en octubre de 2023. De un día para otro, el duelo vino acompañado de presión: vecinos, conocidos e incluso supuestos amigos de la familia sugerían de forma velada que el mejor camino para tres mujeres solas sería arrendar la fazenda.

Ellas eligieron el camino opuesto. Luzanir asumió las riendas junto a las hijas, Luana y Luísa Peixoto. “La mujer necesita dejar de ser secundaria. Yo fui secundaria por 30 años”, afirma Luzanir.

“El agro necesita personas responsables, y la mujer que desea trabajar en el sector es capaz de asumir responsabilidad, con coraje y competencia. Eso no depende del género”, complementa.

Choque de gestión: del comercio al corral

Luzanir Luíza de Moura Peixoto recibiendo un certificado junto a dos personas en un entorno al aire libre, con árboles y plantas al fondo.
Luzanir Luíza de Moura Peixoto, en el centro, recibiendo el certificado de “propiedad comprometida con la producción sostenible”, del Programa Renove, de Minerva Foods. (Foto: Divulgación)

Si Luzanir aportó la experiencia intelectual y la mirada humana, su hija Luana trajo el pragmatismo. Exgerente de una gran multinacional de comercio minorista, Luana aplicó el rigor del compliance corporativo en el día a día del campo. La primera medida fue simbólica e higiénica: la retirada de 13 toneladas de chatarra acumuladas a lo largo de décadas. Lo que para muchos era “historia”, para la nueva gestión era ineficiencia y pasivo visual.

La fazenda fue “puesta patas arriba”. Luana instituyó una regla de oro: no entra un tornillo en la propiedad sin factura. El flujo de caja, antes intuitivo, pasó a ser gestionado con herramientas administrativas. La inversión en maquinaria de punta — cosechadoras y sembradoras modernas — surgió como decisión estratégica para resolver la escasez de mano de obra cualificada y garantizar que la operación no dependiera solo de “brazos”, sino de procesos.

El resultado de esa simbiosis entre madre e hija apareció en los números. Bajo el mando femenino, la Fazenda São José pasó a producir 15% más soja que en la época del patriarca, y con un costo operativo reducido. La eficiencia fue tal que el impuesto de sucesión (ITCMD), conocido por desestabilizar la tesorería de muchas propiedades familiares, fue saldado íntegramente con el dinero heredado y con el valor correspondiente a una cosecha de soja.

Ciencia y sostenibilidad: el ganado como máquina de nutrientes

La innovación en São José no se limita a los softwares de gestión. Luzanir profundizó el uso del Sistema de Integración Agricultura-Ganadería (ILP), una tecnología desarrollada por Embrapa que permite el uso rotativo de la tierra. En verano, la soja ocupa el suelo; en invierno, el maíz consorciado con braquiaria — la llamada safrinha — garantiza la paja para la siembra directa y el pasto para el ganado.

La veta de gestora y científica de Luzanir también brilla en la economía circular. Ella continuó un proyecto, implementado por Donizete en 2018, en el cual los residuos del ganado confinado — estiércol y orina — se mezclan con polvo de roca y yeso agrícola y se transforman en fertilizante organomineral. El ciclo se cierra: lo que sale del corral vuelve a abonar la pastura y el cultivo, reduciendo drásticamente la dependencia de fertilizantes químicos importados.

“El buey es esa máquina maravillosa… él es capaz de devolverme el residuo mejor de lo que yo le di para comer”, explica la productora. “Con la producción de fertilizante organomineral, baja nuestro costo, es sostenible y la tierra queda mejor.”

Esta visión técnica va acompañada de un proyecto de educación ambiental. Luzanir reforesta áreas degradadas con plantines de frutos nativos del Cerrado, integrando la preservación con la producción. La fazenda hoy es campo de estudio para Embrapa y universidades, un laboratorio a cielo abierto donde los protocolos científicos se siguen sin las resistencias culturales comunes entre productores más tradicionales.

Las prácticas sostenibles permitieron que la fazenda pasara a integrar el Programa Renove, iniciativa de Minerva Foods que reúne a ganaderos que adoptan prácticas agropecuarias regenerativas y de baja emisión de carbono, preservando ecosistemas nativos. En busca de hacer siempre lo mejor, su ingreso al programa también es una forma de agregar nuevos conocimientos. Fue a partir del programa, por ejemplo, que recibió asistencia técnica en la reforma de áreas de pasto degradadas, contribuyendo a elevar la tasa de carga y mejorar atributos físicos y biológicos del suelo.

La humanización contra el prejuicio

El éxito productivo, sin embargo, tuvo un precio social. Luana y Luzanir enfrentaron sabotajes sutiles en algunos de sus círculos sociales. Hubo intentos de inducir a técnicos al error para obligarlas a desistir del negocio. En el ambiente rural, una mujer joven y soltera gestionando millones de reales todavía provoca incomodidad. Luana relata un aislamiento necesario para preservarse de chismes y juicios morales que el padre nunca tuvo que enfrentar.

La respuesta llegó a través del cuidado con las personas. Mientras el mercado dudaba de ellas, los empleados de la fazenda se convirtieron en sus mayores aliados. Luzanir mejoró las condiciones de vivienda y los alojamientos, e instituyó una logística de trabajo que respeta el descanso. El sistema ILP ayudó en ese proceso, ya que garantiza actividad productiva durante todo el año, eliminando la necesidad de despidos estacionales.

El futuro de la Fazenda São José se dibuja con la precisión de quien sabe que la tierra exige profesionalismo. Con récords sucesivos de productividad y la proyección de comercializar 1.500 cabezas de ganado de alta línea, Luzanir probó que la sensibilidad y el rigor técnico son caras de la misma moneda.

Al final del día, cuando el sol se pone sobre las cosechas de soja y el pasto, Luzanir no ve solo el éxito de un negocio. Ve el legado de su esposo y de una profesora que se enseñó a sí misma — y a todo un sector — que el género no define la competencia, sino la forma en que se mira el horizonte. El agro brasileño, cada vez más tecnológico y sostenible, empieza a tener, por fin, el rostro y la voz de las mujeres que siempre estuvieron allí, pero que ahora decidieron asumir el escenario principal.

Links de referência:
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