La cadena productiva de la carne suele asociarse con el alto consumo de agua, tanto en el manejo de los animales como en los procesos industriales. Sin embargo, la creciente presión por la eficiencia hídrica y la responsabilidad ambiental ha llevado al sector a revisar prácticas e incorporar tecnologías que contribuyen a reducir su huella hídrica y a mejorar la gestión del recurso.
Según la Water Footprint Network, la producción animal global representa una parte relevante del uso mundial de agua —son alrededor de 15.400.000 litros por kilo de carne de vacuno. De ese total, aproximadamente el 94% corresponde a la denominada agua verde, es decir, el agua de lluvia que permanece almacenada en el suelo y es absorbida por las plantas. En la ganadería, se trata esencialmente del agua utilizada para el crecimiento de los pastos y de los granos destinados a la alimentación animal, cuando la explotación dispone de sistemas integrados, como cultivo y ganadería. Esa agua forma parte del ciclo hidrológico natural y regresaría a la atmósfera por evapotranspiración, independientemente de la presencia de los animales.
El restante 4% se refiere al agua azul, que corresponde al agua captada directamente de ríos, lagos, embalses o acuíferos para el abrevado de los animales, la limpieza de instalaciones, la irrigación (cuando existe) y el procesamiento industrial. Ya el 3% se refiere al agua gris, indicador que representa el volumen teórico de agua necesario para diluir los contaminantes generados en la producción hasta que se alcancen estándares aceptables de calidad.
Además, el sector también tiene un gran potencial de mitigación de este problema —especialmente mediante la innovación tecnológica, la mejora de la productividad y una gestión más eficiente de los recursos hídricos. El concepto de producir “más con menos” se ha ido incorporando a los procesos productivos e industriales como pilares estratégicos de eficiencia, alineando la competitividad económica con las demandas socioambientales contemporáneas, ya que, en mercados cada vez más exigentes, la adopción de prácticas responsables y sostenibles a lo largo de la cadena de valor es crucial.
Tecnologías ambientales en uso
Una de las áreas más transformadoras del sector ganadero son las Estaciones de Tratamiento de Efluentes (ETEs) de última generación. Antes, las ETEs solo trataban el agua para devolverla a los ríos dentro de los parámetros legales; hoy, el concepto ha evolucionado hacia la reutilización de efluentes.
En un estudio publicado en la Revista Brasileira de Ciências Ambientais, se analizó la viabilidad técnica del reúso de efluentes de frigoríficos bovinos. Los investigadores destacaron específicamente el potencial de la fertirrigación (uso de agua residual para irrigar cultivos, aprovechando los nutrientes que contiene). Esto reduce el uso de fertilizantes químicos y hace que el agua utilizada en el proceso industrial vuelva al campo para producir el forraje que alimentará al ganado, cerrando el ciclo.
Además, los actores principales del sector han invertido millones en sistemas de ultrafiltración (que retienen bacterias, virus y sólidos en suspensión que los tratamientos primarios no fueron capaces de filtrar) y ósmosis inversa (que fuerza el paso del agua, mediante alta presión, por membranas tan densas que incluso sales minerales y metales pesados quedan retenidos).
Los sistemas de captación de agua de lluvia también se están convirtiendo en la norma en las nuevas plantas frigoríficas. Con cubiertas que abarcan hectáreas de área construida, el potencial de recolección es alto. La página de la Embrapa Pecuária Sudeste ofrece directrices técnicas que muestran cómo la integración cultivo-ganadería (ICG) también ayuda en la retención de agua en el suelo, disminuyendo la necesidad de abrevado artificial intensivo.
Todas estas tecnologías forman parte del concepto de economía circular dentro de la ganadería: al usar la ósmosis inversa para alimentar una caldera con agua que antes sería descartada, el frigorífico deja de extraer agua limpia de la naturaleza para un proceso que puede ser abastecido por los propios “residuos” líquidos de la fábrica.
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La sostenibilidad transforma el costo en longevidad
Uno de los grandes mitos desmontados por la nueva gestión industrial es que la sostenibilidad sería un “costo extra” que encarece el producto final. Al contrario: la eficiencia hídrica es una inversión en longevidad. Entre las principales ventajas de las prácticas modernas de sostenibilidad, se destacan:
- Reducción de costos: menor captación de agua cruda y menor vertido de efluentes significan tarifas de saneamiento más bajas y un menor gasto en bombeo y energía;
- Acceso a capital: el mercado financiero global prioriza a las empresas con buenas prácticas de ESG (Environmental, Social, and Governance). Los títulos verdes (Green Bonds) ofrecen tasas de interés más atractivas para frigoríficos que demuestran metas de reducción del consumo de agua;
- Valorización de la marca: los consumidores europeos y asiáticos exigen trazabilidad y responsabilidad ambiental. Informes de sostenibilidad transparentes, como los auditados por la Global Reporting Initiative (GRI), son pasaportes para mercados premium.
La senda hacia una ganadería con “sed cero” de desperdicio aun está en progreso, pero los resultados ya son visibles. El proceso de digitalización del campo, con sensores que monitorizan el consumo en tiempo real e inteligencia artificial que detecta fugas milimétricas, forma parte de la próxima etapa que el sector adoptará de forma generalizada. De ese modo, la comprensión de que el agua es un activo estratégico adquiere escala.
Cuando el recurso se protege y se utiliza de manera responsable, no solo resguarda el ecosistema, sino también su propio futuro frente a eventuales incertidumbres climáticas —frecuentemente señaladas por científicos de todo el planeta.—
Fuentes de referencia:
Product Gallery – Water Footprint Network
https://www.rbciamb.com.br/Publicacoes_RBCIAMB/article/download/1624/900/9028
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