Comer no siempre se trata de una necesidad biológica: en algunos casos, se refiere a un acontecimiento cultural y sensorial. En los últimos años, esta dimensión de la experiencia ha empezado a orientar también la forma en que se elige y se consume la carne, ampliando el propio concepto de calidad.
Como define el chef parrillero Chico Mancuso en entrevista al portal Seu Dinheiro, se trata de una “verdadera revolución” que culmina en un consumidor cada vez más exigente, en busca de cortes diferenciados y carnes de alta calidad. Eso también refleja el hecho de que Brasil se ha convertido en el principal proveedor de carne bovina para el mundo y en un mercado interno con mayor poder adquisitivo y apetito por nuevas experiencias. Sin embargo, si antes la carne premium se definía por el sabor y la ternura, con cortes como el Wagyu o el Angus dominando el imaginario de lujo en la mesa, hoy ese repertorio es más amplio, tanto en variedad como en los criterios que sostienen esa percepción de valor. Es decir, la valorización de la carne premium ya no está restringida al corte en el plato. Empieza a construirse en el origen, a partir de atributos relacionados con la producción y la sostenibilidad.
Factores como el origen, la trazabilidad, el bienestar animal y el impacto ambiental pasan a ser considerados en la decisión de compra, reflejando un cambio en el comportamiento de los consumidores, especialmente entre los más jóvenes. Así lo muestra el informe Power of Meat 2026, publicado anualmente por The Food Industry Association y por el Meat Institute. “Aunque no todos los compradores buscan activamente estos atributos, muchos creen que existe una relación entre las prácticas de cría y manejo y el sabor de las carnes y aves —subrayando la importancia de medidas claras, creíbles y comunicaciones continuas en torno a las prácticas de producción”, señala el documento.
Según el estudio, en 2025, a diferencia de la generación de los Boomers, compradores mayores que hoy tienen entre 59 y 75 años, las generaciones Z y Millennials (también llamada Y), que representan a los jóvenes adultos de 18 a 26 años y de 27 a 42 años, respectivamente, muestran una disposición mucho mayor a pagar más y a optar por tipos de carne que consideran más saludables, más sostenibles, más éticos o criados de forma más humana.
Aunque los Boomers siguen teniendo una gran representatividad en el mercado consumidor de carne, son estos consumidores más jóvenes quienes están impulsando el sector. Juntas, las generaciones Z y Y fueron responsables del 67% de todo el crecimiento en unidades en el segmento de carnes estadounidense en 2025.
Consumidor más informado, decisión más compleja

Este consumidor contemporáneo ha adoptado una postura cada vez más intencional a la hora de ir de compras, valorando la transparencia en la cadena productiva. Actualmente, el 33% de los estadounidenses exige saber exactamente el origen de sus alimentos. Este deseo de información engloba no solo el lugar donde los animales fueron criados, sino también los métodos aplicados y quiénes son los productores involucrados en el proceso, como muestra la investigación Consumer Beef Tracker.

Por otro lado, el compromiso práctico personal con la sostenibilidad ambiental no sigue el mismo ritmo. Un poco más de la mitad de los consumidores (53% en 2026) afirma intentar activamente tomar decisiones mejores para el medio ambiente en lo que respecta a alimentos y envases.
Esta brecha de comportamiento sugiere que, aunque la sostenibilidad y la transparencia son ideales ampliamente valorados, los compradores tienden a trasladar la responsabilidad de las acciones ambientales a las marcas y a los minoristas. Cuando las cuestiones ecológicas pesan efectivamente en la decisión, la tendencia del cliente es migrar hacia empresas y opciones de carnes que ya estén alineadas con sus valores.
Aunque la agenda verde sea menos determinante en el panorama general, gana un peso considerable entre los más jóvenes. Los factores de producción y embalaje influyen directamente en la compra de este público: productos de origen local o regional, así como envases que utilizan menos plástico, figuran como los atributos de sostenibilidad más deseados. La certificación orgánica surge como el factor de mayor atractivo específicamente para las generaciones Z y Millennials, que superan la media en diversas exigencias al mercado.
Entre precio, valores y intención de compra
No obstante, la realidad económica dicta los límites de estas elecciones: los consumidores que enfrentan dificultades financieras tienen muchas menos probabilidades de priorizar atributos ambientales al comprar: solo el 9% menciona estándares de origen, bienestar animal o sostenibilidad, frente al 19% entre los más acomodados financieramente (14% en total). En general, el comercio minorista observa una fuerte intersección de prioridades, en la que el mismo consumidor que busca sostenibilidad también valora atributos de salud y bienestar animal.

Esto se refleja directamente en las ventas de productos con atractivo sostenible o de bienestar animal, como carnes orgánicas o de animales alimentados a pasto (grass-fed). En el mercado estadounidense, los datos del informe Power of Meat, elaborados con base en información de mercado de la consultora Circana para el año 2025, muestran que las carnes orgánicas en su conjunto registraron un aumento del 25% en facturación (alcanzando US$ 3,7 mil millones) y 22,6% en volumen en el último año: la carne vacuna por sí sola fue responsable del 43,9% de ese aumento en facturación y del 36,5% en volumen. La carne molida de vacuno grass-fed experimentó un salto todavía mayor, con un crecimiento del 42,3% en ventas en dólares y del 36% en el volumen comercializado.

Este cambio de comportamiento convierte el proceso de decisión de compra en un equilibrio complejo de prioridades. Hoy, los tres principales factores globales que los consumidores estadounidenses consideran frente a la góndola son el precio por peso (51%), la calidad visual y apariencia del producto (47%) y el precio total del paquete (41%).
Sin embargo, al evaluar atributos específicos de producción y bienestar, las prioridades se dividen: el 44% busca animales criados domésticamente, el 43% exige carnes sin adición de hormonas, el 40% busca la certificación grass-fed y el 39% prioriza la garantía de que el animal nunca recibió antibióticos. La crianza de forma humana, preocupada por el bienestar animal (31%), también es relevante para parte del público.
Desde la óptica del impacto ambiental, las mayores exigencias en el momento de la compra son por productos de origen local o regional (42%), orgánicos (39%) y artículos con envases que reduzcan el uso de plástico (34%). No obstante, aspectos como la utilización de prácticas de agricultura regenerativa en la producción (20%) y la garantía de neutralidad de carbono (18%) también se consideran.
A pesar del fuerte ascenso de estas agendas, al momento del desempate, la calidad sigue siendo el factor decisivo y el mayor motivador para pagar más por un producto. Este criterio clásico de calidad domina las prioridades de los Boomers (44%), mientras que los más jóvenes, de la Generación Z (19%), lideran la disposición a pagar más por marcas que entreguen valor, transparencia y responsabilidad socioambiental agregados a la carne.
En términos generales, el informe muestra cómo esos universos que parecían paralelos en la mente del consumidor —la sostenibilidad y sus diferentes vertientes (bienestar animal, impacto ambiental, por ejemplo) y la calidad de la carne— están cada vez más integrados.
El trato humanitario dejó de ser solo una actitud moral y pasó a ser visto como un factor de impacto sobre la calidad del producto: el 66% de los compradores cree que los animales criados con cuidado y compasión resultan en un producto final más sabroso. Esta percepción de que el bienestar animal impacta directamente el paladar es aún más fuerte entre los Millennials, alcanzando el 73% de esa generación. Esto demuestra que, para el nuevo consumidor, sostenibilidad, ética y experiencia sensorial no son factores aislados o excluyentes, sino elementos interdependientes que se conectan íntimamente para conformar la mejor carne.
Fuentes de referencia:
- Angus, wagyu y más: el lujo se encuentra con el fuego y detallamos la barbacoa premium
- Beef Industry Review and Consumer Insights: Edición de febrero de 2026
- El bienestar animal también tiene impacto en la calidad de la carne
- Carnes con atributos especiales ganan espacio en el mercado global
- El papel de Brasil en la seguridad alimentaria global
- The Power of Meat 2026