Pasturas bien manejadas: el camino para producir más sin deforestar

Empresas e instituciones de investigación unen fuerzas para adaptar la actividad ganadera a prácticas que preservan las áreas cultivadas. Estas iniciativas también permiten mejorar la productividad y ampliar el abanico de oportunidades económicas.

Por Rafael Motta el 7 de abril, 2026

Actualizado: 07/04/2026 - 17:32


La adopción de pasturas bien manejadas – rotacionadas, abonadas y con forraje de alto valor nutritivo – es una de las estrategias más eficientes para aumentar la productividad de la ganadería de carne por hectárea y, además, reducir la presión para la apertura de nuevas áreas.

En un escenario en el que 28 millones de hectáreas de pasturas están en niveles intermedios o severos de degradación, como revelan los datos de Embrapa sobre Brasil, resulta aún más relevante. La situación se destaca en estados como Mato Grosso, Goiás, Mato Grosso do Sul, Minas Gerais y Pará, intensivos en actividades agrícolas.

Además de los impactos ambientales, la otra cara de esta realidad es el efecto negativo sobre la productividad. El manejo inadecuado del suelo compromete la capacidad de carga de las pasturas, es decir, la cantidad de animales que un área puede sostener de forma saludable y continua. Con la pérdida de esa capacidad, muchos productores llegan a ver la apertura de nuevas áreas como solución para mantener o alimentar el ganado, aun cuando existen alternativas más eficientes y sostenibles, como la recuperación de áreas degradadas mediante la adopción de técnicas como sistemas de integración (como Lavoura-Pecuária-Floresta), que restauran la salud del suelo y, en consecuencia, aceleran el engorde del bovino.

Especialistas de Aegro señalan que la producción puede saltar de 2 arrobas (en una pastura degradada) hasta 12 arrobas por hectárea/año (en una pastura recuperada y bien manejada). Eso representa un aumento del 500% en el engorde del bovino, sin necesidad de ampliar áreas. Ese salto se debe a prácticas como:

  • Rotación de pasturas, que permite descanso y rebrote adecuado de las plantas de cobertura;
  • Fertilización y corrección del suelo, que reponen nutrientes esenciales;
  • Control de especies vegetales invasoras y ajuste de la carga animal, evitando el sobrepastoreo;
  • Recuperación directa o indirecta, con uso de cultivos agrícolas para restaurar la fertilidad y acelerar la generación de materia orgánica.

ILPF: integración que transforma la zona rural

Entre las estrategias más prometedoras destaca la ILPF (Integración Lavoura-Pecuária-Floresta), que combina diferentes sistemas productivos en la misma área a lo largo del año. Este modelo mejora la fertilidad del suelo, aumenta el reciclaje de nutrientes, reduce la erosión del suelo y amplía la biodiversidad, además de proporcionar mayor confort térmico a los animales y, en algunos casos, nuevas fuentes de ingreso.

Según el Ministerio de Agricultura y Ganadería, la ILPF permite la restauración de áreas degradadas, además de reducir la necesidad de agroquímicos. Este conjunto de acciones, si se ejecuta correctamente, también aporta beneficios financieros a los productores, ya que permite mayor previsibilidad en las ganancias a lo largo del año. Además, el sistema contribuye al balance positivo de carbono, dado que los árboles y el suelo capturan CO₂ (dióxido de carbono) que dejaría de capturarse y se emitiría a la atmósfera.

Protocolos de manejo en todo Brasil

Fazenda com pastagens bem manejadas, com gado branco descansando em um campo verde
Foto: Minerva Foods

Debido a la gran diversidad climática y de suelos, existe la necesidad de adaptar los sistemas de producción según la región. Empresas e instituciones de investigación, como Embrapa y la Rede ILPF, han desarrollado cultivares de especies forrajeras adaptadas – técnicas de siembra directa en pasturas, además de la integración de modelos de recuperación que incorporan agricultura temporal en la formación del pasto. El sistema Santa Fé es uno de los ejemplos de técnicas incorporadas en el Cerrado, como muestra este artículo.

En la región norte, para intensificar la ganadería sin deforestar en la zona de la Amazonía, tal como aborda el proyecto Amazônia 2030, se utilizan sistemas como el pastoreo rotacionado (división del pasto en áreas más pequeñas), cruzamientos para mejorar la genética, inseminación artificial y terminación en corrales (piquetes) en régimen de tiempo parcial (semiconfinamiento) o total (confinamiento), con alimentación a base de granos y otros, después de pasar la mayor parte de la vida en el pasto. En estos casos de confinamiento y semiconfinamiento, la fase de engorde llegó a ser entre 11 y 23 veces más productiva que en las fincas tradicionales de baja productividad.

En el Sureste, la maximización de la producción de masa verde (forraje total producido naturalmente en la pastura) encuentra en la fertilización nitrogenada una buena práctica que también mejora la calidad de la pastura, aunque la práctica exige disponibilidad hídrica y temperaturas más elevadas. En el estado de São Paulo, la Embrapa Pecuária Sudeste recomienda que se realice entre los meses de marzo y octubre, cuando el clima está más cálido y hay mayor incidencia de lluvia. “El nitrógeno es uno de los nutrientes esenciales para el desarrollo de las plantas, junto con el fósforo (P) y el potasio (K). N proporciona aumento de la producción de pastura y, en consecuencia, permite elevar el número de animales por hectárea”, dice la publicación.

En el Nordeste semiárido, las condiciones de manejo también son específicas. Por ello, sistemas de captación de agua de lluvia, como barragens subcutâneas, forman parte de las prácticas recomendadas para crear la infraestructura hídrica necesaria para un manejo sostenible, que contempla prácticas agroecológicas como la rotación de cultivos, cultivos asociados (práctica de cultivar dos o más especies vegetales en la misma área simultáneamente o con superposición de ciclos) y fertilización orgánica con uso de estiércol u otros componentes, según el documento Tecnologias de Convivência com o Semiárido Brasileiro.

Cultivares de pastos adaptados, siembra directa en pasturas, recuperación indirecta con agricultura e Integración Lavoura-Pecuária-Floresta son estrategias que, siempre que los productores las apliquen correctamente, son capaces de proporcionar una ganadería más productiva, sostenible y alineada con los estándares internacionales de conservación ambiental. 

Fuentes de referencia


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