Más allá del precio: cómo las etiquetas están agregando valor a la carne

Un estudio realizado en Estados Unidos reveló que el 77 % de los consumidores basan sus decisiones de compra en la información que figura en las etiquetas de los alimentos.

Por Rafael Motta el 7 de julio, 2026

Actualizado: 07/07/2026 - 17:34

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Cómo las etiquetas de carne influyen en las decisiones de compra 

“Orgánico”, “Alimentado a pasto” (Grass-fed), “Alimentado con grano” (grain fed), “Sin antibióticos”, “Bajo en carbono” … las etiquetas de las carnes ya no son las mismas y reflejan un cambio más profundo: el del comportamiento de los consumidores. Lo que antes era una commodity definida por el precio y la apariencia en las góndolas, puede convertirse en un producto de valor agregado a través de la narrativa impresa en el envase. 

Según datos del Consumer Beef Tracker, compilados por la National Cattlemen’s Beef Association (NCBA), el mercado de carnes con atributos específicos de etiquetado ha crecido de forma sostenida, superando en ritmo de expansión el consumo de carne bovina convencional. Según el estudio, el 77% de los consumidores estadounidenses tomó intencionalmente una decisión de compra con base en una información contenida en la etiqueta. Además, existe una predisposición a pagar entre US$ 7,11 y US$ 7,85 más por cortes de carne con etiquetas como “USDA Prime” o “Específico de raza”, en comparación con el promedio de cinco años.

Qué pasaron a comunicar las etiquetas de carne y la evolución del clean label

En línea con el cambio de comportamiento de los consumidores, que pasaron a preocuparse no solo por el producto final, sino también por la forma en que se producen los alimentos, las etiquetas de las carnes asumieron un papel más amplio en la comunicación de atributos vinculados a la calidad, el origen y el sistema de producción. Además de ayudar al consumidor a comprender cómo fue criado el animal y qué prácticas se adoptaron a lo largo del ciclo productivo, esta información pasó a funcionar como señal de transparencia, sostenibilidad, bienestar animal y seguridad alimentaria.

Esta transformación está alineada con el avance del concepto de clean label, una filosofía basada en la transparencia y la simplicidad, que valora los productos con información clara y fácilmente comprensible. En la cadena de la carne bovina, esto se traduce en alegaciones relacionadas con el origen del producto, la ausencia de hormonas y métodos de cría que priorizan el bienestar animal. El movimiento viene ganando fuerza a medida que estos atributos dejan de ser percibidos solo como diferenciales premium y pasan a influir directamente en las decisiones de compra. 

En Estados Unidos, los productos clasificados como clean label registran un crecimiento anual del 7,5%, por encima del promedio del 5,9% observado para el conjunto del mercado de bienes de consumo, según un estudio de NIQ. El mismo estudio muestra que el 95% de los consumidores considera la confianza en la marca un factor decisivo a la hora de comprar, reforzando el papel de las etiquetas como instrumentos de credibilidad y transparencia.

La creciente atención a estos atributos también está relacionada con preocupaciones más amplias sobre salud pública y seguridad alimentaria. Un ejemplo es el mercado de carnes libres de antibióticos, impulsado por el debate sobre la resistencia antimicrobiana y por la búsqueda de proteínas consideradas más acordes con las expectativas de los consumidores. De acuerdo con el estudio Antibiotic-Free Meat Consumer Trends: Insights and Forecasts 2025–2033, publicado por el portal MRA, este segmento debería mover US$ 231 mil millones a nivel global ya en 2026.

Clasificación, origen y producción: las etiquetas de carne que más pesan en la elección

Los atributos relacionados con la calidad de la carne son los que ejercen mayor influencia sobre el consumidor estadounidense. En 2023, el 40% de los consumidores afirmó haber buscado intencionalmente carne bovina clasificada como “USDA Choice”, lo que convirtió a la clasificación oficial del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) en el atributo de etiquetado más relevante para impulsar las ventas. 

La importancia de este atributo, sin embargo, no es uniforme entre los distintos grupos de edad: los consumidores de la generación Baby Boomer tienden a atribuir mayor relevancia a las clasificaciones oficiales de calidad, mientras que la Generación Z muestra menos interés por este tipo de información. Los datos también muestran un cambio gradual en las preferencias del mercado: aunque sigue liderando entre los atributos de etiquetado, la relevancia del sello USDA Choice ha ido disminuyendo con el tiempo, pasando de un pico del 46% de los consumidores en 2019 al 40% en 2023, a medida que ganan espacio las alegaciones relacionadas con sistemas de producción, sostenibilidad y bienestar animal. 

Entre la información de las etiquetas relacionada con el sistema de producción, destaca el “Grass-fed” (alimentado a pasto), que se ha mantenido como el más valorado por los consumidores a lo largo de los últimos cinco años. En cambio, los sellos “Orgánico” y “Criado de forma humanizada” registraron los avances más consistentes en el período, reflejando una preocupación creciente por la sostenibilidad, el bienestar animal y la transparencia en la producción de alimentos. Aunque estos atributos aún representan una porción menor del mercado en comparación con las clasificaciones de calidad, su crecimiento indica un cambio gradual en las preferencias de los consumidores, especialmente entre los Millennials y la Generación Z.

Efecto Halo: la psicología detrás de las etiquetas de las carnes

La eficacia de los mensajes en las etiquetas reside en un fenómeno psicológico conocido como “Efecto Halo” (o Efecto Aureola), acuñado en 1920 por Edward Thorndike. Cuando se destaca, por ejemplo, que el producto es orgánico, el consumidor tiende a transferir esa percepción positiva a otros atributos no mencionados, creyendo que se trata de un producto más nutritivo y sabroso.

A su vez, la validación externa del mensaje impreso en la etiqueta, ya sea por organismos gubernamentales o entidades independientes, funciona como un reductor de riesgo y un atajo cognitivo. En lugar de investigar el origen de cada granja, el consumidor confía en la certificación para validar sus valores éticos y de salud.

De la influencia de las etiquetas a la comprensión de la producción: oportunidad y brecha

Si las etiquetas ganaron espacio como herramienta de influencia en las decisiones de compra, los datos indican que todavía existe una brecha entre la atención dedicada a esta información y la comprensión de los sistemas de producción que representa. Aunque el 77% de los consumidores afirma haber tomado ya una decisión de compra con base en la información presente en las etiquetas, solo el 43% dice considerar con frecuencia o siempre el origen de los alimentos al comprar, mientras que apenas el 28% asegura saber mucho sobre cómo se cría el ganado.

El contraste sugiere que estos atributos ganan relevancia creciente en las góndolas, pero aún hay espacio para ampliar el conocimiento de los consumidores sobre el significado de estas alegaciones y sobre las prácticas adoptadas a lo largo del ciclo productivo de la ganadería. En este contexto, la comunicación transparente y basada en información verificable no es solo una herramienta de diferenciación de mercado, sino también una oportunidad para acercar a consumidores y productores, fortaleciendo la confianza y contribuyendo a elecciones más informadas.

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