Entrenar más no significa entrenar mejor

Entrenar más no siempre significa progresar más: el sueño, la alimentación y el descanso son claves para que el cuerpo se recupere, se adapte al ejercicio y mejore el rendimiento.

Por Luciana Haddad em 31 de agosto, 2026

Recuperación tras el entrenamiento: ciclista en carretera abierta, pedaleando a gran velocidad durante un entrenamiento al aire libre.
Foto: dotshock / Shutterstock

Entre quienes practican musculación y deportes de endurance (carrera, ciclismo, triatlón y natación), es común asociar el volumen de entrenamiento con el progreso: cuantas más sesiones, mayor intensidad y más días a la semana, mayores serían las ganancias. Sin embargo, la respuesta fisiológica al ejercicio contradice esta visión. Y ahora vamos a entender cuál es el mejor equilibrio entre el volumen de entrenamiento y las condiciones necesarias para evolucionar realmente.

El entrenamiento funciona como un estímulo para generar una adaptación, que es el conjunto de ajustes biológicos que hacen que el cuerpo esté más preparado para repetir ese esfuerzo. De esta manera, se producen ganancias de fuerza, resistencia y masa muscular después, durante la recuperación. Sin tiempo y recursos suficientes para esta fase, la acumulación de carga tiende a estabilizar el performance o incluso a reducirlo, aun con un entrenamiento frecuente e intenso.

Esta recuperación se apoya en tres frentes que suelen recibir menos atención que la planificación del entrenamiento: alimentación, sueño y descanso. Es durante este intervalo cuando el organismo repara el tejido muscular, repone las reservas de energía y consolida las adaptaciones inducidas por el ejercicio.

A lo largo de los próximos temas, también encontrarás cuáles son las señales para reconocer cuándo el entrenamiento ha ido demasiado lejos y la recuperación se ha quedado atrás, además de orientaciones prácticas para entrenar mejor.

El entrenamiento es el estímulo; la adaptación viene después

Recuperación postentrenamiento: Nadadora en la piscina realiza estiramientos y ejercicios de respiración tras un entrenamiento intenso.
Foto: wavebreakmedia / Shutterstock

Justo después de una sesión intensa, el cuerpo experimenta una disminución transitoria de su capacidad. El ejercicio de fuerza y el de resistencia provocan microrroturas en las fibras musculares, agotan parte de las reservas de glucógeno y desencadenan estrés metabólico e inflamación localizada. Estas respuestas son el desencadenante fisiológico de la adaptación, y no un efecto secundario que deba evitarse.

La reparación de este tejido tiene lugar durante las horas y los días siguientes. Cuando la recuperación es suficiente, el organismo reconstruye la estructura muscular ligeramente por encima del nivel anterior, en un proceso llamado supercompensación. Este depende de tres condiciones: tiempo, materia prima nutricional y descanso. Si llega un nuevo estímulo antes de que se complete el ciclo, lo que se acumula es fatiga, no ganancias.

El consenso del Colegio Europeo de Ciencias del Deporte y del Colegio Americano de Medicina del Deporte resume el principio de forma interesante: un entrenamiento eficaz combina sobrecarga con una recuperación adecuada, y fracasa cuando asocia sobrecarga con una recuperación insuficiente.

Cuando «más» se convierte en menos: overreaching y overtraining

El organismo tolera períodos cortos de entrenamiento intenso con una recuperación reducida. Esta fase se denomina overreaching funcional y llega a utilizarse de forma planificada en bloques de entrenamiento, en los que se acumula carga durante algunos días, el performance cae temporalmente y, después de un período de descanso, vuelve a situarse por encima del punto inicial.

El problema surge cuando el desequilibrio entre carga y recuperación se prolonga. En este escenario, aparece el overreaching no funcional, en el que la disminución del rendimiento persiste y la recuperación comienza a requerir semanas o meses. En el extremo del espectro se encuentra el síndrome de overtraining, una desadaptación prolongada que compromete los sistemas hormonal, inmunológico y neurológico, afecta al estado de ánimo y puede tardar de meses a años en revertirse.

Conviene hacer una salvedad importante: el síndrome de overtraining es poco frecuente y se concentra sobre todo en atletas de élite. Para quienes entrenan a nivel recreativo o amateur, el riesgo predominante no es el exceso de entrenamiento en sentido técnico, sino una recuperación insuficiente. El sueño inadecuado, una ingesta alimentaria inferior a la demanda y el estrés cotidiano se suman a la carga del ejercicio, y el resultado es similar: estancamiento del rendimiento, cansancio persistente, alteraciones del estado de ánimo y del sueño, y una mayor propensión a las lesiones.

Sueño: el principal intervalo de recuperación

Mujer acostada en una cama, con los ojos cerrados y expresión relajada, abrazando la almohada en un ambiente con luz tenue. Enfoque en el descanso y la recuperación tras el entrenamiento.
Foto: New Africa / Shutterstock

Si pudiera elegir una sola variable de recuperación que las personas deberían tomarse en serio, sería el sueño. Es durante el sueño profundo cuando el cuerpo libera la hormona del crecimiento, intensifica la reparación de los tejidos y la síntesis proteica, y repone el glucógeno muscular utilizado durante el entrenamiento.

Dormir poco produce el efecto contrario. La privación de sueño aumenta el cortisol, reduce hormonas anabólicas como la testosterona y la GH, eleva marcadores inflamatorios como la IL-6 y

perjudica la reposición de energía. Dormir menos, sumado a una mayor carga de entrenamiento, también se asocia con un mayor riesgo de lesión muscular.

Lo positivo es que la vía contraria también funciona. Prolongar el tiempo de sueño mejora el performance, la sensibilidad al dolor y la respuesta anabólica de GH/IGF-1. El estudio clásico con jugadores universitarios de baloncesto mostró que aumentar el tiempo en la cama a unas 10 horas durante varias semanas mejoró la velocidad de sprint, la precisión de los lanzamientos y el tiempo de reacción).

La recomendación práctica para quienes entrenan intensamente es dormir entre 7 y 9 horas por noche, con tendencia al límite superior a medida que aumenta la carga. Dormir no debe considerarse un lujo, sino una parte del entrenamiento.

Alimentación: materia prima para la reconstrucción

El ejercicio genera la demanda de adaptación, pero es la alimentación la que proporciona los sustratos utilizados en este proceso. Sin un aporte adecuado de proteínas y energía, la capacidad de reparación y supercompensación queda limitada, independientemente de la calidad del entrenamiento.

Proteína

Para ganar y mantener masa muscular, la Sociedad Internacional de Nutrición Deportiva recomienda una ingesta diaria de 1,4 a 2,0 g de proteína por kilo de peso corporal para la mayoría de las personas que entrenan. La distribución a lo largo del día tiene una importancia similar a la cantidad total. Dosis de 0,25 a 0,40 g/kg por comida, equivalentes a unos 20 a 40 g de una fuente de calidad, ingeridas cada 3 o 4 horas, optimizan la síntesis proteica muscular de forma más eficiente que concentrar la mayor parte en una sola comida. La presencia de leucina, un aminoácido esencial, participa en el inicio de este estímulo.

Carbohidratos

Después de sesiones largas o intensas, las reservas de glucógeno muscular se reducen, y su reposición condiciona la calidad del siguiente entrenamiento. Las dietas con un aporte adecuado de carbohidratos, en el rango de 8 a 12 g/kg/día en atletas con un volumen elevado, maximizan estas reservas. Restringir considerablemente los carbohidratos durante períodos de entrenamiento intenso favorece la acumulación de fatiga.

Carne de vacuno

Es una fuente de proteína completa, con todos los aminoácidos esenciales y un contenido relevante de leucina, lo que la hace eficaz para sostener la recuperación muscular. También proporciona nutrientes directamente relacionados con el performance y la regeneración, como hierro hemo de alta biodisponibilidad, creatina, zinc y vitamina B12. Ningún alimento por sí solo cubre toda la demanda, pero una buena fuente de proteínas en el plato cubre una parte significativa de esta ecuación sin depender de la suplementación.

También existe una interacción entre nutrición y sueño que suele pasar desapercibida. Ingerir entre 30 y 40 g de una proteína de digestión lenta, como la caseína presente en la leche, antes de dormir aumenta la síntesis proteica durante la noche, aprovechando precisamente el período en el que se intensifican los procesos de reparación. Es decir, un alimento de digestión lenta libera aminoácidos gradualmente, lo que mantiene el suministro de materia prima para el músculo durante las horas de sueño, cuando no hay nuevas comidas.

El papel de la alimentación también se observa en el escenario opuesto. Una revisión dedicada al síndrome de overtraining identifica la ingesta insuficiente de energía y nutrientes como uno de los factores que contribuyen a la desadaptación al entrenamiento. El déficit alimentario, sumado a una elevada carga de ejercicio, compromete el rendimiento en lugar de sostenerlo.

Cómo saber si estás entrenando demasiado y recuperándote demasiado poco

No existe un único análisis de sangre que permita cerrar el diagnóstico de exceso de entrenamiento. El cuadro se determina observando el conjunto a lo largo del tiempo. Algunas señales que merecen atención:

  • Performance estancado o en descenso, incluso manteniendo o aumentando el esfuerzo;
  • Cansancio que no desaparece después de una noche de sueño;
  • Dolor muscular persistente entre sesiones;
  • Frecuencia cardíaca en reposo más alta de lo habitual;
  • Peor sueño, irritabilidad y disminución de la motivación;
  • Sensación de que el entrenamiento habitual se ha vuelto mucho más difícil.

El parámetro más confiable es tu propia tendencia a lo largo de las semanas, no el valor de un día específico. Cuando la curva general apunta hacia abajo y las señales anteriores se acumulan, el ajuste rara vez consiste en entrenar más. Consiste en recuperarse mejor.

Entrenar mejor, en la práctica

Entrenar mejor es planificar la recuperación con el mismo cuidado con el que se planifica la carga. Algunos principios que sustentan esta idea:

  • Programa días de descanso y semanas más ligeras de forma intencional. El descanso es parte de la periodización, no una falta de disciplina.
  • Trata el sueño como parte del entrenamiento. Duerme de 7 a 9 horas, con una rutina y una buena higiene del sueño, especialmente después de sesiones exigentes o realizadas a última hora de la noche.
  • Distribuye la proteína a lo largo del día, no solo después de entrenar. Incluye fuentes completas en cada comida principal.
  • No reduzcas la energía mientras aumentas la carga. Consume suficientes carbohidratos para reponer el glucógeno.
  • Ajusta el entrenamiento a tu estado real de recuperación, no a lo que figuraba en la planificación de hace tres semanas.

El aumento del volumen solo se convierte en ganancias cuando existe una recuperación capaz de transformar el estímulo en adaptación. El entrenamiento define la demanda; el sueño, la alimentación y el descanso determinan cuánto de esa demanda puede absorber el organismo y devolverlo en forma de rendimiento.

Referencias

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Luciana Haddad

Médica cirujana del aparato digestivo por la USP, libre docente por la Facultad de Medicina de la USP, Postdoctora en Evaluación Económica en Salud. Asistente del Servicio de Trasplantes de Órganos Abdominales del Hospital de Clínicas de la FMUSP y presidenta de la Asociación Brasileña de Trasplante de Órganos.