Para el consumidor chino, la seguridad alimentaria se ha convertido en una condición de compra. Más que el precio o el sabor, factores como la procedencia, las certificaciones sanitarias y la transparencia en la cadena productiva influyen directamente en la decisión de quien va al mercado, al supermercado o compra por el celular.
Esta exigencia no surgió de la nada. Es el resultado de una sucesión de incidentes sanitarios que marcaron la memoria colectiva del país en las últimas décadas. Episodios que, uno tras otro, obligaron al Gobierno chino a reconstruir, prácticamente desde cero, sus sistemas de fiscalización, monitoreo y control de calidad de los alimentos.
Una desconfianza que viene de décadas atrás
Uno de los episodios más citados por los investigadores como un hito de la preocupación china por la seguridad alimentaria ocurrió en 1988, cuando un brote de hepatitis A afectó a la región de Shanghái. Según un estudio publicado en el Journal of Infectious Diseases, la epidemia sumó 292.301 casos registrados, con tres picos concentrados en enero y febrero de ese año: uno de los mayores brotes transmitidos por alimentos documentados en el mundo.
La investigación identificó a los mariscos como vehículo del virus. Entre las personas que consumieron el alimento y desarrollaron hepatitis A, apenas el 3,5% dijo haberlo cocinado antes de consumirlo. En cambio, entre quienes también comieron mariscos, pero no enfermaron, el 18,1% había cocinado el alimento. En otras palabras, el consumo de mariscos sin cocinar fue proporcionalmente más frecuente entre los infectados, lo que reforzó la relación entre la forma de preparación y el riesgo de contaminación.
El punto de inflexión: el escándalo de la melamina

Dos décadas después, un nuevo episodio sería aún más determinante para la relación entre los consumidores chinos y la industria alimentaria. En 2008, fórmulas infantiles producidas en China fueron contaminadas con melamina, una sustancia utilizada para enmascarar artificialmente la concentración de proteínas en las pruebas de calidad.
De acuerdo con un boletín de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 54.000 niños llegaron a buscar atención médica, alrededor de 13.000 fueron hospitalizados y se confirmaron tres muertes. La investigación identificó melamina en productos de 22 fabricantes diferentes.
El impacto en la confianza del consumidor fue inmediato y duradero. Un mes después de la crisis, el consumo de leche en polvo nacional cayó a la mitad, según datos citados en una revisión publicada en ScienceDirect sobre la competencia entre atributos de seguridad alimentaria en China, que describe el episodio como uno de los más notorios de la historia reciente del país, junto con otros escándalos que se sucedieron en la década siguiente, como la contaminación de carne de cerdo con clembuterol en 2011.
El peso del episodio persiste hasta hoy en la regulación china. En 2025, el país aprobó una nueva enmienda legal, cuya entrada en vigor estaba prevista para diciembre de ese año, que refuerza específicamente la supervisión de las fórmulas infantiles líquidas, entre otras medidas de trazabilidad en la cadena de transporte de alimentos líquidos a granel.
La respuesta: leyes más estrictas, trazabilidad y menos antibióticos
Los sucesivos episodios sanitarios llevaron a China a reconstruir su legislación sobre seguridad alimentaria. La Ley de Seguridad Alimentaria de China amplió la fiscalización y la responsabilidad de los productores a lo largo de toda la cadena, desde el monitoreo de riesgos hasta la gestión de emergencias sanitarias.
El control también avanzó sobre la producción animal. Desde julio de 2020, el país prohíbe el uso de promotores del crecimiento en los piensos para animales, una medida que acompañó los esfuerzos internacionales para combatir la resistencia antimicrobiana y reforzó el control sobre los residuos químicos en productos de origen animal.
Al mismo tiempo, creció la demanda de trazabilidad. Un estudio sobre la percepción de la seguridad de los productos agrícolas en China, realizado en Suzhou, mostró que los consumidores locales prefieren claramente la carne de cerdo con sello de certificación verde e información completa sobre su trazabilidad, incluso pagando más por ello: un comportamiento que se ha mantenido constante en las investigaciones de la última década, a medida que se acumulaban los incidentes sanitarios.
Qué valora hoy el consumidor chino
La preocupación por la seguridad alimentaria también aparece en las decisiones de compra. Un estudio publicado en la revista científica Food Control, que entrevistó a 2.092 consumidores en seis ciudades chinas, identificó al 65,9% de los participantes como “orientados por la certificación”. Para este grupo, la información sobre la certificación, la trazabilidad y el origen del producto influyó positivamente en las elecciones, y la certificación fue el atributo de mayor importancia.
El comportamiento también aparece de manera destacada en el consumo de proteína animal. Según un análisis de la consultora McKinsey sobre el mercado de carnes en China, la seguridad y la calidad del producto aparecen como los principales criterios de compra de carne para los consumidores chinos, incluso por delante de sus propiedades saludables. La consultora destaca que este énfasis contrasta con el comportamiento de los consumidores de otros países analizados, para quienes el precio suele tener mucho más peso en la decisión de compra.
La prioridad otorgada a la seguridad y la calidad también comienza a reflejarse en la elección entre carne vacuna refrigerada y carne recién faenada o congelada. Un estudio publicado en la revista Meat Science, con 3.617 consumidores principalmente del norte y el este de China, mostró que el 58,2% de los entrevistados prefiere las opciones refrigeradas.
El movimiento también puede observarse en las importaciones. Según Meat & Livestock Australia (MLA), el valor de las importaciones chinas de carne vacuna refrigerada creció 50 veces entre 2014 y 2024. Australia sigue siendo el principal proveedor de este segmento, mientras que países sudamericanos, como Argentina y Uruguay, también participan en este mercado.
El crecimiento de este segmento refuerza la importancia de atributos como la calidad, la procedencia y la seguridad alimentaria para los exportadores que compiten por espacio en el mercado chino.
Lea también:
- Indulgencia limpia: el nuevo hábito de consumo de los europeos impacta en las góndolas
- Del precio a la sostenibilidad: qué está cambiando en los hábitos de compra de carne en Estados Unidos
Qué significa esto para los proveedores globales
Esta cultura de desconfianza histórica, sumada a la respuesta regulatoria construida a lo largo de décadas, ayuda a explicar por qué China se ha convertido también en uno de los mercados más exigentes del mundo para los productos importados, con normas técnicas estrictas, exigencia de registro y habilitación de establecimientos extranjeros y una fiscalización proporcional al riesgo de cada producto.
En la práctica, el cumplimiento de los requisitos sanitarios puede determinar incluso la continuidad del acceso al mercado. En mayo de 2026, tres plantas frigoríficas brasileñas tuvieron sus habilitaciones suspendidas temporalmente por la Administración General de Aduanas de China (GACC), autoridad responsable del control de las importaciones en el país, tras la identificación de hormonas sintéticas utilizadas como medicamentos veterinarios, sustancias prohibidas por las normas chinas, según informó Globo Rural. La Asociación Brasileña de las Industrias Exportadoras de Carnes (Abiec) afirmó en un comunicado que la medida tuvo carácter preventivo y se produjo tras la identificación de residuos que no cumplían con los requisitos sanitarios chinos. El episodio, sin embargo, refuerza la importancia de cumplir las normas de seguridad alimentaria como condición concreta para la permanencia de proveedores extranjeros en este mercado.
Para exportadores como Brasil, comprender este origen es tan importante como conocer las propias normas: la exigencia de trazabilidad, certificación y conformidad sanitaria no es una barrera arbitraria, sino el reflejo directo de la relación que el consumidor chino ha construido con sus propios alimentos después de décadas de crisis sanitarias.
- Halliday, M.L. et al. An Epidemic of Hepatitis A Attributable to the Ingestion of Raw Clams in Shanghai, China. The Journal of Infectious Diseases, 1991.
- Organização Mundial da Saúde (OMS). Disease Outbreak News — Melamine-contaminated milk products, China, 29 September 2008.
- Food and Agriculture Organization (FAO) — FAOLEX Database. Food Safety Law of the People's Republic of China (2021).
- Ministry of Justice of the People's Republic of China / China Daily. China adopts amendment to food safety law (emenda com vigência a partir de dezembro de 2025).
- ChemLinked. China Eliminates the Feed Additive Uses of Chemical Growth-promoting Antibiotics.
- ScienceDirect. Food safety concerns and consumer preferences for food safety attributes: Evidence from China. Food Policy, 2020
- ScienceDirect. Explore Chinese consumers' safety perception of agricultural products using a non-price choice experiment. Food Policy, 2022.
- McKinsey & Company. For love of meat: Five trends in China that meat executives must grasp.