Tecnocarne: lo que el buey China enseña sobre previsibilidad y coordinación en la cadena de la carne

El panel del evento debatió cómo la previsibilidad, la confianza, la inteligencia de mercado y los objetivos compartidos pueden ayudar a productores e industrias a enfrentar las exigencias sanitarias, la volatilidad global y la competencia por animales de calidad.

Por Paula Caires el 24 de junio, 2026

Actualizado: 24/06/2026 - 16:14


Brasil tardó décadas en consolidarse como el mayor exportador mundial de carne bovina, partiendo de la posición de un país que necesitaba importar ese alimento. A lo largo de esa trayectoria, desarrolló una capacidad de adaptación que hoy permite respuestas rápidas a nuevas demandas del mercado. La adecuación de los productores a las exigencias impuestas por China se convirtió en uno de los principales ejemplos presentados durante el panel Industria y sus Indicadores: La Industria Frigorífica en el Pasado, Presente y Futuro – Desafíos y Oportunidades, realizado en Tecnocarne, en São Paulo, los días 16 y 17 de junio.

“El buey China es un buen ejemplo de la rapidez con que el mercado puede ajustarse. Ese buey no existía en Brasil”, afirmó Juan Lebrón, gerente del Departamento Internacional de la Asociación Brasileña de Criadores de Zebu (ABCZ). “Luego apareció este buey con exigencia de edad, entre otras especificaciones, y el productor tuvo una rapidez de respuesta absurda.”

Para Lebrón, la experiencia demuestra la capacidad de adaptación del productor brasileño para acompañar la evolución de la cadena. El desafío estaría en construir mecanismos capaces de traducir las demandas de los mercados en informaciones claras, objetivas y previsibles. “Cuando existe una demanda completa, previsible y objetiva, el productor responde”, resumió.

No se nace líder: los eslabones de la cadena deben estar cerca para avanzar

“Brasil no despertó siendo líder”, afirmó Lebrón. “Quien construyó esto fue el productor, la industria y la investigación.” La frase sintetiza la transformación de la ganadería brasileña en las últimas décadas, directamente relacionada con los avances sanitarios iniciados en los años 1990, especialmente en la lucha contra la fiebre aftosa. La evolución permitió al país acceder a mercados cada vez más exigentes y consolidar su posición de liderazgo mundial en las exportaciones de carne bovina.

Fue en este contexto que el debate planteó una reflexión sobre la necesidad de acercar los distintos eslabones de la cadena productiva. “Si no hay claridad sobre lo que se quiere, para quién es y qué tengo que producir, necesitamos organizar esa cadena de forma general para que todos entiendan un poco del otro”, afirmó Lebrón. “Falta conocimiento entre las partes, entender mejor lo que hace el otro.”

Ese acercamiento se vuelve aún más importante en un escenario en el que diferentes mercados exigen estándares específicos de producción, trazabilidad, edad de los animales y requisitos sanitarios.

Previsibilidad, deseo común y desafío compartido

Foto: Mayara Araújo (Foto: F14 – Fotografia/ Divulgação Informa Eventos)

La previsibilidad apareció como uno de los temas centrales del debate, tanto para productores como para la industria. “El mayor anhelo es la previsibilidad”, afirmó Lebrón.

Según él, esta necesidad se hizo aún más evidente con el avance del confinamiento en Brasil, un sistema que exige inversiones anticipadas en alimentación, manejo e infraestructura productiva. “Si logras esa previsibilidad del comprador, incluso de precio, consigues ver tu margen y que puedes invertir en algo que tendrá un retorno seguro. Todo resulta más fácil”, explicó.

La industria, sin embargo, también depende de esa seguridad. “Cuanto mayor es la afinidad entre la industria y el productor, mayores son las posibilidades de previsibilidad para todos en este mercado”, añadió.

Paulo Mustefaga, consultor y director de Relaciones Institucionales de la Asociación Brasileña de Frigoríficos (Abrafrigo), señaló, no obstante, que esa búsqueda de estabilidad ocurre en un entorno sujeto a innumerables variables externas. Además de las exigencias sanitarias impuestas por mercados estratégicos, como China, el sector convive con oscilaciones geopolíticas capaces de alterar costos logísticos y rutas comerciales. “Estamos hablando de un mercado que detectó una sustancia y esa empresa es suspendida. Si es la principal compradora de un estado, toda la previsibilidad se va al traste”, observó.

La gobernanza aportó más seguridad, pero aún hay margen para evolucionar

La previsibilidad avanzó en los últimos años debido a los cambios en la propia estructura de las empresas frigoríficas. Según Lebrón, la relación entre ganaderos e industria estuvo marcada en el pasado por mayores incertidumbres, especialmente en las décadas de 1980 y 1990, cuando existía un riesgo más alto en relación con la liquidez de las compañías. “Hoy tienes una seguridad mucho mayor y la apertura de capital fue una transformación enorme, por la ganancia en transparencia y seguridad”, afirmó.

El movimiento de apertura de capital de grandes frigoríficos, intensificado en los años 2000, trajo consigo exigencias relacionadas con la divulgación de resultados, auditorías independientes, controles internos y prácticas más sólidas de gobernanza corporativa, contribuyendo a ampliar la confianza entre los distintos agentes de la cadena.

En la evaluación del ejecutivo, aunque ese proceso ha mejorado, en promedio, la relación entre productores e industria, la forma de compra de los animales aún ha evolucionado poco con el tiempo. “El promedio mejoró, pero la forma de comprar sigue siendo la misma. Falta un poco de inteligencia puesta dentro de ese proceso de compra”, observó.

De la confianza a la inteligencia aplicada

Rebanho de bovinos em pastagem verde ao amanhecer, com animais descansando na fazenda e fundo com árvores ao sol
Foto: Minerva Foods

En opinión de Lebrón, todavía hay margen para perfeccionar la forma en que se evalúan los animales y cómo esa información vuelve a los productores, permitiendo ajustes más precisos en los sistemas de producción. “La menor inteligencia de la industria está en la inteligencia de compra”, evaluó.

Según él, a pesar de los avances en gobernanza y transparencia, muchas decisiones siguen tomándose con base en la experiencia individual de los compradores, que necesitan evaluar características productivas, sistemas de cría y patrones regionales de oferta. “Se compra lo que se ofrece”, comentó. 

Para el ejecutivo, hay espacio para herramientas que permitan monitorear con mayor precisión el grado de aprovechamiento de los animales, los rendimientos obtenidos en la industria y la adecuación de la materia prima a las exigencias de los distintos mercados. Además de mejorar las decisiones de compra, este tipo de información podría ayudar a los productores a identificar oportunidades de mejora y orientar inversiones para atender mercados específicos. “La mayor dificultad del comprador de ganado es administrar la relación entre productor e industria”, resumió.

Es precisamente en esa brecha donde iniciativas orientadas al intercambio de conocimiento y al seguimiento técnico pueden contribuir a acercar los eslabones de la cadena. En Minerva Foods, el programa Laço de Confiança busca sustituir una relación basada exclusivamente en la compra y venta por una agenda continua de capacitación, escucha activa e intercambio de experiencias entre la industria y los proveedores. En un artículo sobre el programa, el gerente ejecutivo de Relación con Ganaderos de la compañía, Rostyner Costa, afirmó creer que “el sector evoluciona cuando hay confianza y cooperación entre la industria y el productor rural”. La iniciativa ofrece apoyo en áreas como nutrición animal, manejo sanitario, gestión de las propiedades y trazabilidad del rebaño, además de promover jornadas de campo, capacitaciones y visitas técnicas orientadas a las necesidades específicas de cada región.

Al final del debate, los participantes llegaron a una misma conclusión: en una cadena cada vez más globalizada y sujeta a cambios rápidos, el diferencial competitivo puede estar menos en la capacidad de aumentar la producción y más en la habilidad de construir relaciones de confianza, compartir información y establecer objetivos comunes entre productores, industria y consumidores.